En ocasiones nos relajamos y no damos la suficiente relevancia a una higiene bucodental estricta, completa y de forma diaria. Como ya hemos contado de forma previa en nuestro blog, estos hábitos son clave a la hora de prevenir la aparición de sarro dental, una de las principales causas que puede desencadenar el comienzo de una periodontitis, conocida de forma más coloquial como “piorrea”.  Se trata de una patología infecciosa causada por la placa bacteriana que afecta a los tejidos que actúan como soporte de las piezas dentales. 

La periodontitis va más allá de la gingivitis, la forma más leve de enfermedad periodontal que irrita e inflama las encías, y puede llevar a una destrucción progresiva del tejido que puede incluso provocar la pérdida del diente, afectando también a la salud general, con una posible incidencia negativa de las bacterias en el sistema respiratorio y cardiovascular. 

Un curetaje dental a tiempo es la mejor solución para tratar la periodontitis

Uno de los aspectos más peligrosos de la periodontitis es que es una enfermedad crónica, con efectos irreversibles. Aunque existen técnicas regenerativas que pueden dar buen resultado, lo mejor es tratar esta afección en su fase inicial y controlar su avance. 

En este primer periodo, es muy eficaz la realización de un buen curetaje dental, denominado también  raspado radicular, un tratamiento que conlleva una limpieza profunda y exhaustiva de tejidos que rodean al diente a través de un aparato de ultrasonidos, curetas y pulidores, de modo que se elimina en su totalidad la placa bacteriana que ha originado el problema periodontal.  

Este tratamiento, para el que Dentix cuenta con el materiales avanzados y profesionales con amplia experiencia, requiere anestesia local y se realiza durante sesiones diferentes, dedicadas cada una de ellas a una zona determinada de la boca, que suele dividirse en cuadrantes. 

En la mayoría de los casos, tras realizar este curetaje la inflamación tiende a disminuir en pocos días y la encía vuelve a adherirse al diente formando una barrera para que las bacterias no puedan filtrarse de nuevo. 

Aunque el problema queda resuelto, el paciente no puede olvidarse por completo ya que con el tiempo podría volver a reproducirse. Por ello, es preciso que al menos una vez cada seis meses acuda a su odontólogo para realizar una limpieza de mantenimiento. Y, por supuesto, extremar la higiene dental en su día a día. 

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