Hoy profundizamos un poco más en esta técnica, de la que ya hemos hablado en un post anterior, para contaros exactamente en qué consiste una endodoncia.

Un procedimiento sencillo

Extraer la pulpa del interior del diente puede sonar a algo excepcional, pero todo lo contrario, se trata de una alternativa a la extracción, algo sencillo y nada doloroso. Eso sí, mejor que la realice un especialista: el endodoncista.

Se empieza por anestesiar la zona en la que se va a practicar la endodoncia y, una vez ésta esté dormida, se comienza con el procedimiento. El primer paso a realizar por el endodoncista es un agujero en la corona del diente que permita acceder a su interior y llegar a la pulpa dental. Después, se extrae la pulpa del interior del diente y se limpia el conducto pulpar.

Cuando ya ha sido retirado el tejido afectado se lleva a cabo el llamado proceso de obturación, una técnica por la cual se restaura la anatomía del diente, rellenando la cavidad de la pieza de la que se ha extraído previamente la pulpa dental con un material especial y sellando tanto el conducto, como la corona.

De este modo, sin tener que retirar la pieza dental, se obtiene un diente insensibilizado que dejará de molestar al paciente.

Lo normal es que el tratamiento se realice en una sola sesión, pero en ocasiones, y en función de la dificultad del caso, puede ser necesario espaciarlo en dos visitas diferentes.

¿Y después?

Como os decíamos, una endodoncia permite conservar la pieza dental, el hueso, la encía que le rodea y, lo que es más importante, su funcionalidad. Así, después del trabajo del endodoncista, el diente será igual que los demás en lo que a su función y duración se refiere; esto significa que los hábitos de higiene y cuidados son los mismos que para el resto de la boca.

El resultado de una endodoncia no es un diente más frágil aunque, en ocasiones y cuando se trata de las piezas posteriores, puede ser necesario proteger las cúspides dentales con coronas.

Sea como sea, después de una endodoncia es importante cumplir las revisiones pactadas con el dentista (al menos una vez al año) para comprobar el estado del diente endodonciado.

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