Estos descuidos provocan que se desarrollen enfermedades bucodentales que, además de impactar en nuestra boca, pueden atacar a otras partes de nuestro organismo afectando negativamente a nuestra salud en general.

Por este motivo, es necesario conocer cuáles son las enfermedades orales más comunes, de cara a detectarlas a tiempo y ser tratadas por el odontólogo.

  • Caries: es una enfermedad multifactorial que causa la destrucción de los tejidos dentales como consecuencia de la desmineralización provocada por los ácidos que genera la placa bacteriana, ya que las bacterias presentes en dicha placa fabrican ácido a partir de los restos de alimentos. La destrucción dental se asocia a la ingesta de azúcares y ácidos contenidos en bebidas y alimentos, errores en las técnicas de higiene, falta de cepillado dental, no usar hilo dental.... Tras la destrucción del esmalte, ataca a la dentina, pudiendo alcanzar la pulpa dentaria (nervio) produciendo su inflamación y posterior necrosis (muerte pulpar), lo que puede causar la pérdida de la pieza.
  • Gingivitis: Consiste en la inflamación de las encías debido a un proceso infeccioso y una acumulación de sarro provocada por una mala higiene bucal, escaso uso de hilo dental o tabaquismo. Los síntomas son: sangrado de encías, inflamación y enrojecimiento, sensibilidad al frío y mal aliento. Si no es tratada a tiempo puede desembocar en una periodontitis.
  • Periodontitis: denominada comúnmente “piorrea”, es una enfermedad que inicialmente puede cursar con gingivitis, para luego proseguir con una pérdida de inserción colágena, retracción de encía e incluso la pérdida de hueso. En el caso de no ser tratada avanza dejando sin soporte óseo al diente, lo que puede desembocar en la pérdida irreparable del mismo.
  • Halitosis: así se denomina al mal aliento, provocado por una mala higiene bucal, enfermedades de las encías, ingestas de alimentos como cebolla, ajo, tabaquismo o alcoholismo, exceso de café o enfermedades sistémicas tales como cáncer, diabetes, trastornos hepáticos y/o digestivos. Esta enfermedad la sufren un 40% de personas a lo largo de su vida. La mejor manera de prevenirla es evitando la ingesta de los alimentos que la producen, realizar una correcta masticación de los alimentos y mantener una buena higiene bucal con un correcto cepillado y uso de hilo dental o cepillo interproximal.
  • Bruxismo: es el hábito involuntario de rechinar o apretar los dientes. Es una de las llamadas parafunciones. Al rechinar o apretar los dientes la musculatura del sistema de masticación está hiperactiva. Este fenómeno puede manifestarse incluso durante la infancia. El paciente no suele ser consciente de que rechina o aprieta los dientes porque suele hacerlo, sobre todo, mientras duerme.

    Rechinar los dientes mientras se duerme se produce en determinadas fases del sueño (la fase REM) aunque el bruxismo también puede producirse de día. En este caso, se da en situaciones de tensión psíquica o de concentración extrema. La sobrecarga permanente del bruxismo puede dañar el periodonto así como la sustancia dura de los dientes.

    Las fuerzas que libera el bruxismo no solo afectan a las articulaciones maxilares, sino que sobrecarga y daña también a los músculos de masticación y a los propios dientes. Además, puede provocar tensiones en la zona de la cabeza y el cuello así como dolor de cara y de cabeza. No existe un tratamiento que resuelva el bruxismo pero se pueden paliar las molestias que provoca y prevenir daños subsiguientes, mediante férulas sintéticas especiales confeccionadas por el dentista que protegen los dientes para evitar que se desgasten, al tiempo que salvaguarda la articulación.

Una buena higiene bucal, una dieta equilibrada y visitar al odontólogo de forma periódica, son las mejores fórmulas para evitar este tipo de problemas.