Todo el mundo ha mascado chicle alguna vez en su vida. El origen de este hábito se lo debemos a los mayas, pioneros en la creación de una de las mayores costumbres de la sociedad actual. Ellos recolectaban la savia del chicozapote, uno de los árboles más abundantes de su región, y, tras un proceso de secado, obtenían una goma masticable que usaban para limpiarse los dientes y la boca o para inhibir el hambre durante los rituales de ayuno.

Desde entonces, no hemos parado de mascar, ya sea para liberar tensión, reducir el estrés, por refrescar el aliento, limpiarnos los dientes o por simple placer. Sin embargo, aun siendo algo tan común, existe cierto debate en su definición como saludable; pero lo cierto es que, siempre y cuando sea sin azúcar, mascar chicle tiene bastantes beneficios.

Entre los aspectos positivos, destaca su capacidad estimulante para la producción de saliva y, por tanto, su refuerzo en la prevención de caries ya que la saliva ayuda a neutralizar el ácido producido por las bacterias que se alimentan de los restos de comidas. Además, produce un efecto barrido sobre la superficie de los dientes, de tal forma que favorece el control de la placa bacteriana, aunque, por supuesto, este efecto barrido no es tan eficaz como el del cepillado. Y, aunque no la elimina, también ayuda a controlar la halitosis porque ayuda a enmascarar el mal aliento.

Adicionalmente, mascar chicle tiene todavía más beneficios relacionados con la salud bucodental cuando los chicles tienen xylitol. Éste inhibe el crecimiento de bacterias y promueve la remineralización del diente, reduciendo así la formación de sarro y por tanto el riesgo de caries.

Además de todo lo anterior, mascar chicle puede aliviar la ansiedad, mejorar el estado de alerta, aumentar la concentración y reducir el estrés. De hecho, después de mascar chicle, los niveles de cortisol, la hormona del estrés, en la saliva se reducen hasta un 16%.

Ahora bien, como todo, un consumo abusivo o continuado puede derivar en problemas para la salud bucodental. De este modo, el exceso de este hábito puede producir, entre otras cosas, dolor mandibular por sobrecarga muscular ya que se hace trabajar constantemente una musculatura que no está preparada para ello.

Por tanto, este hecho tan cotidiano para algunos, realizado de forma moderada y siempre que el chicle no contenga azúcar puede ser beneficioso para la salud bucodental. Sin embargo, es importante recordar que éste no sustituye los cuidados e higiene diaria que necesitan nuestras bocas.

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