A lo lardo de nuestra vida, podemos sufrir pérdidas de masa ósea en los maxilares debido a varias razones: por atrofia, esto es, asociada al envejecimiento y a la pérdida de piezas dentales; por enfermedades  que acaban derivando en la pérdida ósea, como la periodontitis o la osteoporosis; por infecciones orales o por traumatismos.    

Por ello, al acudir a nuestra clínica dental, es posible que el odontólogo especialista nos recomiende ayudar a la recuperación del hueso de manera artificial. Y esto ocurre en mayor medida en implantología dental, donde se colocan piezas dentales artificiales que deben estar sujetas al hueso.

Pero, antes de diagnosticar la idoneidad de la regeneración de masa ósea es necesario realizar un escáner previo que nos indique la gravedad de la pérdida y su localización, lo que nos ayudará a elegir la técnica más adecuada para recuperar el hueso.

Técnicas de regeneración ósea para implantes dentales

Los odontólogos especialistas en Cirugía Oral eligen la técnica más adecuada en función de la cantidad de hueso a restablecer y del lugar donde se haya perdiendo masa ósea. Aquí os explicamos las técnicas básicas más utilizadas:

  • Injerto óseo. Se trata de una intervención quirúrgica en la que el cirujano oral repone el hueso perdido para así obtener el suficiente y permitir la colocación de implantes. Éste hueso puede proceder del propio paciente obteniéndolo de una zona del cuerpo (de dentro o fuera de la boca) de donante (hueso humano) o mediante el empleo de sustitutos óseos comercializados (de origen animal, vegetal o sintético) totalmente compatibles biológicamente. Una vez realizada la intervención, el paciente tiene que esperar unos meses mientras que el injerto ayuda a la generación de nuevo hueso y que éste sea lo suficientemente maduro para asegurarse de que el implante sea estable y seguro. A veces, solo se necesita un injerto menor y esta cirugía se puede realizar a la vez que la del implante.
  • Administración de plasma rico en factores de crecimiento. Esta técnica consiste en extraer una pequeña cantidad de sangre del paciente de la que se obtienen los factores de crecimiento, que son proteínas que se encuentran nuestra sangre (en el plasma sanguíneo). Posteriormente, estas proteínas son aplicadas a la zona que se desea regenerar. Las ventajas de este tratamiento son la integración más rápida del implante en el hueso, la reducción de las complicaciones del post-operatorio y mejora de la cicatrización, y la reducción de la inflamación y el dolor.

Todos estos procedimientos han demostrado su efectividad, pero debemos insistir en que, para la elección de uno u otro, el odontólogo especialista ha de realizar pruebas que le ayudan a valorar cuál de ellos es el idóneo. Incluso hay casos en los que el especialista  puede combinar varias técnicas para obtener un resultado óptimo.

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